Enojo perdido
Hay que detenerse, es solo un momento
el encanto está a la vista
redundante.
Yo los comparo con el secreto
de un prisionero oculto,
con la ilusión de un amanecer
eterno.
Solo hay una advertencia:
se pueden perder;
entrando a esa mirada
se acaban las penas,
se sale del dolor
del misterio, que ahora
seduce.
Porque no hay ojos
que mudos,
digan tanto.
Si los ven, el tiempo
se detiene,
entonces no hay nada que perder.
Es un instante
y una imagen
quema la memoria,
se graba con fuego,
arde el tiempo
y entonces si,
no existe nada más.
¿Quién bajó un pincel
del cielo, como caricia
dándole forma y color
mezcla de arte
y enigma?
Si agacha la mirada
se pierde la ilusión,
la claridad;
es la censura del sol.
Incluso húmedos, hermosos
reflejan la sombra de su esencia.
Cuando los arrasa un huracán
su mismo sol sabe secarlos
y con el brillo,
de las cenizas, vuelve a renacer.
La belleza es simpleza
lejos de un gusto
fugaz, que atrae
pero nunca completa.
Lo más puro
encierra esa mirada
en complemento
con un rostro preciso.

0 aurea mediocritas:
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