sábado, 12 de septiembre de 2009

Enojo perdido

Hay que detenerse, es solo un momento

el encanto está a la vista

redundante.

Yo los comparo con el secreto

de un prisionero oculto,

con la ilusión de un amanecer

eterno.

Solo hay una advertencia:

se pueden perder;

entrando a esa mirada

se acaban las penas,

se sale del dolor

del misterio, que ahora

seduce.

Porque no hay ojos

que mudos,

digan tanto.

Si los ven, el tiempo

se detiene,

entonces no hay nada que perder.

Es un instante

y una imagen

quema la memoria,

se graba con fuego,

arde el tiempo

y entonces si,

no existe nada más.

¿Quién bajó un pincel

del cielo, como caricia

dándole forma y color

mezcla de arte

y enigma?

Si agacha la mirada

se pierde la ilusión,

la claridad;

es la censura del sol.

Incluso húmedos, hermosos

reflejan la sombra de su esencia.

Cuando los arrasa un huracán

su mismo sol sabe secarlos

y con el brillo,

de las cenizas, vuelve a renacer.

La belleza es simpleza

lejos de un gusto

fugaz, que atrae

pero nunca completa.

Lo más puro

encierra esa mirada

en complemento

con un rostro preciso.



0 aurea mediocritas:

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