martes, 29 de septiembre de 2009

Inundación

Cartas sin remitente

ante un aprendiz

que quiere descubrir el truco

sin magia.

Están cargas con objetos

que invitan y seducen,

hay figuras de señores serios

algunos son ricos

otros valientes.

El tiempo las ensucia

las nutre de basura

y sin hábito ni consejo

en soledad,

la materia más difícil

esa como ceniza

juega a retroceder

a un pequeño

que usa como receta

su propia ignorancia.

Los rostros se pueden lavar

y también sus posesiones,

pero el sobre

no explica el modo:

como una fuente

en pleno show

se inundan sus casitas

llueve y se mojan sus ropas,

se desarman

y ya no quieren jugar.

De pronto todos los faroles

se posan en mí

y el suelo es mi escenario,

las estrellas se comparan

conmigo y pierden;

se derriten los relojes

ante tanto sol,

porque el brillo de la torpeza

es tan especial como único,

aun sin grandes hazañas

el portador

es rey en fiesta.

Y las hienas se hacen presentes

no tardan en llegar,

o ya estaban a mi lado,

o yo las fui a buscar.



martes, 22 de septiembre de 2009

Atado

No me juzgues inferior

por no estar en tu nivel,

no tener ese color.

Mis manos lloran

así como llora tu alma

en tu interior,

sin saberlo,

por ser lo que sos.

Muerto en vida,

caminando sin ganas

de caminar,

esperando el momento

para poderme elevar.

Las lágrimas se mezclan

con el sudor,

las ansias de salir

complementan

el desgano de vivir.

Un medio para alguien más

no un fin

como afirmaba Kant.

El lazo

nunca se va a romper

mientras exista

quien no quiera ver.

Ciegos en su juego

no entienden

que soy como ellos;

quiero empezar de nuevo.

Atado a un sueño

que no es mío

con cadenas,

así vivo.

Vi el oro de cerca,

el gran océano

e inmensas tierras;

fue todo desterrado,

aun así soy capaz

de arrojar la primera piedra.

La paz

esa que se consigue en libertad

lejos está,

hoy convivo

en guerra

con mi oscura soledad.



sábado, 12 de septiembre de 2009

Enojo perdido

Hay que detenerse, es solo un momento

el encanto está a la vista

redundante.

Yo los comparo con el secreto

de un prisionero oculto,

con la ilusión de un amanecer

eterno.

Solo hay una advertencia:

se pueden perder;

entrando a esa mirada

se acaban las penas,

se sale del dolor

del misterio, que ahora

seduce.

Porque no hay ojos

que mudos,

digan tanto.

Si los ven, el tiempo

se detiene,

entonces no hay nada que perder.

Es un instante

y una imagen

quema la memoria,

se graba con fuego,

arde el tiempo

y entonces si,

no existe nada más.

¿Quién bajó un pincel

del cielo, como caricia

dándole forma y color

mezcla de arte

y enigma?

Si agacha la mirada

se pierde la ilusión,

la claridad;

es la censura del sol.

Incluso húmedos, hermosos

reflejan la sombra de su esencia.

Cuando los arrasa un huracán

su mismo sol sabe secarlos

y con el brillo,

de las cenizas, vuelve a renacer.

La belleza es simpleza

lejos de un gusto

fugaz, que atrae

pero nunca completa.

Lo más puro

encierra esa mirada

en complemento

con un rostro preciso.