lunes, 15 de febrero de 2010

Fenix

Dejaste un silencio con aroma a revancha

y este espacio vacio entiende de esperanza

porque hay despedidas que saben ser ilusión,

ahora tu ojos encienden un cielo y la lluvia es color.

Todavía algún día pienso cobrarme esa última caricia

un amor huérfano tan inmenso como la fuerza de tu sonrisa,

me soltaron tus manos despertando al sueño

y al miedo de crecer sin vos lo acuesto y lo duermo

porque hay una nueva lucha que masticar por ella

sin sus besos pero con la fuerza de su estrella.

Aun conservo la fragancia de su última despedida

y esas voces que me hablaban como alegres melodías,

fabricando consejos para todos los días,

censurando con una mirada innecesarias apatías.

Ahogando miradas para regar y nutrir los deseos

eliminando los trucos contra una soledad de mareos,

porque ya no hay mas sed que sufra mi ser,

con tu luz hoy camino ciego y puedo ver,

y no hay que pedirle al sol que ilumine

o a la luna que en la oscuridad alumbre,

tu presencia en el camino todo el brillo me reúne

y me levanta la mirada para que tu legado vislumbre.

No dejaste en la tierra nada librado a la suerte

por eso subiste dejando al hombre más fuerte

vagando por nuevos jardines a conocer

confiando en el tiempo que hoy es agonía, mañana es amanecer.

Mi corazón empezó cuando tus ojos se abrieron a mirar

y hoy me regalas tu mirada porque ya me enseñaste a volar,

y siempre que caiga detrás mío vas a volver

brillante sujetando mis manos para tropezar y renacer,

ahora tu pasado lo tengo tan presente

que es un presagio el tenerte viva eternamente.

Desde ahora vivís en mi espalda y fabricamos el mismo camino

guiando y convirtiendo en valiente al mohíno.

La herida que desarma es el cielo que se abre pidiendo permiso

dando alas a un ejemplo que ya era un ángel en el piso.



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