miércoles, 28 de octubre de 2009

Guerrera

Hay una Reina

sin trono ni gran riqueza,

pero con un tesoro

abrupto

de infinita belleza.

La vida le regaló

dos perlas para su tiempo

sin saber

que en realidad

esas joyas buscaban

un cofre de sentimientos.

Con mi aparición

se fundió tu egoísmo,

te alejaste de ese abismo

y adquiriste mi emoción;

mi gusto fue el tuyo,

mi deseo tu anhelo

y ente miedos y sustos

ante mi infierno

fuiste cielo.

Un diccionario

de sabiduría,

tapa dura

hojas enteras

de cómo sanar heridas.

Con los ojos

más precisos,

amarla

se hizo un vicio.

No hay corazón

capaz de combinar

la censura de su dolor

priorizando mi bienestar,

mi mirada

y ya entendés

que en silencio

algo puede suceder.

Desconozco de techos

siempre fui más allá

las alas que me diste

para aprender a volar

sin limitar

mi capacidad de tropezar,

tu mano siempre cerca

y un premio consuelo:

caricia que renueva

y consejo certero.

Y no puedo emprender viaje

sin que me cobre peaje,

un abrazo, un beso

y el “cuidate” mas espeso.

No hay éxito

que no deba

al sudor de su afán,

mi realidad, mi verdad

y la esencia de mi vida,

son por esa Reina

que por mí no descansa

ni de noche ni de día.



0 aurea mediocritas:

  • Publicar un comentario