viernes, 14 de agosto de 2009

De Barcos y Puertos

El Barco encalló en el viejo Puerto y no se movió de ahí, a pesar de no tener compañía.

Es un Puerto que, luego de dejarlo, la mayoría olvida.

Pero ese Barco no quiso olvidar, y en el pasado decidió anclar.

Un sitio donde muchos coinciden, no queda más,

y zarpan hacia un nuevo navegar, buscando otras tierras a explorar,

aprendiendo a fuerza de vientos y de mar.

Hay un nuevo Puerto que sabe de esperar, a un Barco, que mal herido, cansado de naufragar, sabe que es quien puede ayudar, a que halle zona firme para desembarcar.

A veces el Barco necesita una segunda parada en el viejo pasado,

para darse cuenta que ese Puerto debe ser olvidado.

Hay por descubrir tantos nuevos, y no es cuestión de clásico o moderno,

sino de volver a navegar y saber poder conocerlos,

luego de transitar por el gran mar, ahogado, pura lluvia y soledad.

El nuevo Puerto a la espera, tiene de un lado el mar; luchador y tenaz, donde navega lo que sabe necesita encontrar.

Del otro lado; tierra firme, algo seguro donde recurrir, cuando cansado de esperar un navío, su ausencia puede suplir.

Pero el Barco no espera, avanza y su destino se juega. Es curioso y busca, navegando y superando. Demostrando valentía, el Puerto decide esperarlo.

Aun no estando preparado, el Puerto también puede estar golpeado.

Es cuestión de entre los dos hallar el rumbo, para dejar atrás el pasado y ambos ser presente y futuro.

Buscando en el horizonte, compañía contra la soledad, navegando a pesar de fríos y noches de oscuridad.

El Puerto espera, el Barco busca y aguarda, sabiendo los dos que en el encuentro llegará la calma.

Donde los mares no son turbios, los vientos soplan a favor,

en las orillas hallarán el valor, de no temer a sumergirse y emprender un nuevo amor.




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